burbuja anti-zombies
había demasiada gente y no se escuchaba un carajo. las pláticas inaudibles en la intimidad se volvían gritos porque la acumulación de voces formaba una barrera entre las palabras y el entendimiento. la música se aplacaba y se volvía tenue porque le sonaba encima el movimiento. todos estaban pedos y no obstante en la barra ya no había ni una gota de alcohol. el piso era el noveno círculo del infierno y un elogio a la existencia de los zapatos. la gente era penumbra pero de cerca todos estaban muy feos y todos se vestían más o menos igual y todos tenían tatuado en el brazo pullandbear, brothasfromanothamotha, pelotón muy bien organizado de gente que va a perisur a comprar ropa, secta de mediocridad.
la escasa luz sufría del mismo mal que la música. el lugar era muy grande y aún así era como un vagón de metro en hora pico y el aire por respirarse era una nube de agua tratada. llegar ahí sobrio era más o menos lo mismo que nacer en un taxi en el periférico un viernes a las 4 de la tarde dirección cuernavaca, mismo golpe doloroso que dejaría en tu historia una mancha de génesis traumático. no obstante, ahí estabas y tenías gastritis. también querías hacer pipí. preguntarte por qué no te habías quedado en tu casa sería igual de desgarrador que el poco acceso que se tiene a la respuesta de la duda existencialista y por tu propio bien preferías no buscarle a las dos.
no sabías muy bien que hacer porque tus amigos son sociables y les gusta el dubstep entonces decidiste ir al baño a aplacar un poco tus más íntimas deficiencias. buscaste por toda la casa hasta encontrar uno en donde la fila no fuera tan imponente. al final de esta búsqueda, toda tu forma de pensar cambió y entonces orinar en una maceta ya no estaba tan satanizado en tus nociones. pero el mundo es cruel y en cada maceta había gente vomitando. cuando ya habías perdido la fe. lleno de odio encontraste la lavandería y decisión de titanes enojados, orinarías en la lavadora.
empujas la puerta, la tirita de luz se vuelve una franja, la franja se vuelve una habitación, ves la lavadora por fin y en un segundo todo se vuelve el diablo cuando la lavandería se vuelve solo un guagüis y no importan las máquinas ni el jabón zote ni el tire, ese cuarto es una mujer retirando y embarrando de nuevo todo el interior de su boca abierta de par en par en la verga de un güey que no conoces ni importa y tu infancia se va al carajo cuando la ves despeinada y trabajadora. quieren empujar la puerta en tu cara porque ahí no importas pero eres mejor que eso y entonces, violentamente, tu también sacas tu propio miembro y les disparas como si la vida se te fuera en ello, como si tu orina insalubre los estuviera pintando.
acabas. te guardas la verga, cierras la puerta, te alejas, cuando puedes corres hacia la entrada de la fiesta y te vas… a tu casa a jugar a la ouija (mensaje implícito: los vivos no valen la pena).
después creciste, ahorraste trabajando en un callcenter y estudiaste odontología.

